GUALEGUAYCHÚ, DOMINGO 02 DE ENERO DE 1994
LOS HABITANTES DE LA MANSION IV
JUAN MANUEL GAVAZZO BUCHARDO
SE FUE Y SIGUE ENTRE NOSOTROS
ació en Gualeguaychú el 13 de diciembre de 1888, hijo de Agustín Gavazzo y Victoria Buchardo.
La infancia compartida con sus hermanos; el río cercano y el Puerto que aún conservaba su antiguo esplendor; el trato con los viejos lobos de mar, la serenidad de las calles pueblerinas, fueron fuente motivadora de sus inicios en el arte y de su inquietud de viajero.
El 20 de enero de 1911, en un negocio de nuestra 25 de Mayo, realiza su primera exposición de dibujos y miniaturas de color. Tenía 22 años. Viaja a España, llega a Madrid el 19 de agosto de 1913 y se instala en un modesto palacete de "La Unión" Coloreros N° 2, como lo difunde El Noticiero.
A fines de 1914 remite al Gobierno Argentino parte de sus obras que irán al Ministerio de Cultura para control de sus progresos y otras que llegarán a su Gualeguaychú para ser juzgadas por los copoblanos. Las telas son fruto de lo realizado con el auspicio material y espiritual de ambos.
En 1917 funda con Alfredo Guttero, Fray Guillermo Butler, Pablo Curatella Manes, José Merediz y el pianista Rossotti, la Asociación de Artistas Argentinos en Europa.
En 1919, vuelve a su pueblo. En la casa paterna de calle A. del Valle abre su taller que también convierte en sala de exposición para quien desee visitarla.
Siempre volvió a su pueblo en viajes que realizaba, según su hermana Blanca, cada cuatro años al menos y lo unió también a él un fuerte hilo epistolar con familiares y amigos que fue otra forma de no dejarlo.
SU VIDA EN EUROPA
Había iniciado sus estudios formales en La Plata. Después, becado por los gobiernos de Buenos Aires y de
Entre Ríos va a Madrid. Estudia en la academia Real de San Fernando y luego en el Taller de López Mezquita. De Madrid va a París, a comienzos de 1915. Trabajó al lado de Denis, Serusier, Valotón y Roussel.
Comentaba la revista Fray Mocho: Su pensión, al principio era de 500 francos. Luego fue disminuyendo hasta llegar a la mitad 250 francos para vivir en una ciudad en la que una taza de caldo valía 5... ¿Qué hacer?
Como sus abuelos gringos se ganó la vida en ejercicio de tareas que permitieron mantenerse y a la vez seguir bebiendo en las fuentes mismas del arte.
Precisamente, para regresar a Gualeguaychú una vez terminada la Primera Guerra Mundial, lo hace como Ayudante de Comedor del barco.
EL SUFRIMIENTO DEL ARTISTA
La ciudad y el río lo cargan nuevamente de colores, las flores de su tierra se acumulan como motivos para nuevas obras.
Volverá a Europa, ahora como Agente Consular en Madrid, Barcelona, luego Marsella, París, Yugoslavia, Inglaterra, Alemania.
Sus cartas a familiares y amigos de aquí nos testimonian sus afanes, sus progresos, su constante autocrítica.
Escribe a María Felisa Obispo Murature desde su casa en los suburbios de París: "Mis trabajos fueron siempre partos dolorosos, que la duda acompaña, pues debes imaginar"... “Si tiene poco que hacer con el esteticismo, es, en cambio una auténtica, magnífica significación de la relación humana, a la que doy la máxima importancia. En las flores; es precisamente en ellas donde he conseguido expresarme libremente con olvido total de influencias externas. La preferencia que das a las flores es, en sí misma, la prueba más evidente y quiero que sepas que también para mí motivo de íntima satisfacción. Los maestros que he tenido me han pesado mucho"... "Hay quienes creen que el pintar es un placer, para mí fue siempre un sufrimiento"...
PINTOR Y ESCULTOR
Artista de cuidada formación, tres fueron los temas que lo apasionaron: las mujeres, las flores y el paisaje. Descubre las cosas profundas que vuelca en una gama infinita de matices como sólo un maestro del arte puede hacerlo.
Los críticos lo consideran un "izquierdista" en el campo de la pintura, y decían así, en lugar de modernista porque el modernismo, aplicado al arte tiene un carácter demasiado complejo para usarlo con exactitud en el caso de un artista tan serio y personal. "Gavazzo vive al ritmo de su tiempo, pero su pintura es lo más distante de todo aquello que pueda catalogarse como "modas”.
"Su pintura, hecha toda de varonil independencia, es un instintivo impulso de amor hacia los seres u objetos que nos describe y lo que tiene en sí de más simpático y atractivo es justamente eso: que rebosa de amor humano y solidaria comprensión" (1)
Era el sueño de Juan Manuel Gavazzo Buchardo, vivir en Gualeguaychú sus últimos años.
Debía ser en la costa de su Río, en una modesta casa, con una canoa amarrada para largarla a la corriente del agua cuando quisiera y él dentro de ella dejarse llevar.
Con la ayuda de remos, nada más, luchar con la corriente mansa o arisca y mover a su antojo, hacia donde quisiera, el madero que lo contenía. Y luego de llegar o de no llegar, volver a su rancho para sentarse a mirar desde la costa, el agua que seguirá viajando.
No pudo ser. Vino para cumplir su sueño, pero muchos amigos, muchas caras ya no podían estar y muchas voces no podían hablar. Entonces,
No sólo la pintura de caballete fue su fuerte. La escultura y el tallado en madera son su obra quizá menos conocida, pero voluminosa en producción y valiosa en calidad de creación y realización.
Parece que lo invade una fuerza mística que ordena su temática y el arte sacra surge y ennoblece planos de duros troncos, produciendo relieves de líneas severas y volúmenes serenos mostrando también la sensibilidad de su mundo interior la férrea convicción de su espíritu.
El 17 de julio de 1965, en el Magnasco, se presentó una exposición de óleos, tallas y dibujos de Gavazzo Buchardo, a pocos meses de su fallecimiento, ocurrido en Meudon, en las afueras de París, el 14 de abril de 1965.
El Instituto presenta una exposición con 74 obras de su hijo dilecto.
Se pudieron apreciar 59 óleos, 5 tallas y 1 dibujo. Arturo Gerardo Guastavino, otro de los artistas notables de Gualeguaychú, presentó este excepcional acontecimiento que más que homenaje al Maestro desaparecido fue otro de los tantos regalos de belleza que él pudo hacernos. 1) y 2) LA PRENSA, 1929. Buenos Aires.
Consultados:
Revista FRAY MOCHO, N° 385. Bs. As.
JOSE LEÓN PAGANO (1929), El Arte de los Argentinos, en La Prensa, Bs.As.
Artículos de: La Nación, 1929. La Calle de Bs. As, 1929. El Noticiero de Gchú, 1911. El Día de Gchú, 1983. EL ARGENTINO, 1971.
Catálogos de Muestras del artista.
Entrevistas a Blanca Gavazzo (hermana del pintor) por Andrea Sameghini
ANDREA SAMEGHINI "Casas y Caserones”, de EL ARGENTINO,
Acta de Nacimiento, Arch. Reg. Civil de las Personas, de Gchú.
Arch. del Reg. de la Propiedad Inmueble, de Gualeguaychú. Libro 1855.
La muestra se cerró el 1 de agosto con palabras del Pablo J. Daneri (Pebete). En nombre del Magnasco habló María R. Troise de Ganly.
Consignamos las obras que se exhiben en el Instituto Magnasco, para picar aún más la tentación de acercarse a una muestra del trabajo de nuestro copoblano artista Gavazzo Buchardo:
Retrato de Carlota Marcela Oyhamburu de Rossi. -Flores -Retrato de mujer. -Figura 1 y Figura 2, con marcos de madera tallados por el autor. -Paisaje. -Mujer árabe. -Naturaleza muerta (donación de María Felisa Obispo Murature). -Paisaje. -Carolina Borromeo de Delfíno.- Caricatura del Sr. Cantini (donación de M. Amalia Cantini. Condesa de Sosnowski). -Gitana. – Juan Manuel Gavazzo Buchardo y su hermana Blanca, legaron varias de estas piezas.
EL LEGENDARIO ENCANTO DEL CAFÉ ESPAÑA
Investigación y textos: Fabián Magnota.
Durante el segundo cuarto del siglo XX, el Café España fue uno de los lugares frecuentados de Gualeguaychú. El bar nació a la luz del Teatro Gualeguaychú, luego que Don Mariano Tresols, español y Don Rogelio Bargas, nacido en estas tierras, pensaron que podía trabajarse bien en los intervalos del cine, entonces en época de oro. Pero la aventura comercial fue mucho más allá: el Café ubicado en calle Suipacha (hoy Perón) al 40, entre 25 de Mayo y Urquiza, se convirtió en un pequeño club, un sitio de excelente atención, mercadería de reconocida calidad y selecta clientela. Intentemos, con pasos de recuerdo, compartir algunos momentos en ese Café que supo lograr, en sus 23 años de vida, un encanto casi legendario, un misterioso atractivo.
on MarianoTresols había nacido en Barcelona, España, donde se casó con Elvira Badía. El matrimonio europeo llegó a la Argentina en 1910, recalando inicialmente en Colón, donde el hombre encontró trabajo en lo suyo: era forjador artístico del hierro. Más tarde arribó a Gualeguaychú, donde tomó contacto con los Boggiano.
El simpático catalán, que como tantos otros en su tiempo buscó respuestas en América, unió sus sueños con el esposo de su hija Mercedes, el joven y emprendedor Rogelio Bargas, para abrir el 25 de setiembre de 1925 el Café con cuyo nombre recordó a la Madre Patria.
La idea de instalar un local a metros del Teatro, no pudo ser mejor: antes de lo que esperaban, el Café se convirtió en un éxito comercial,
De mañana llegaban estudiantes, al mediodía matrimonios, de tarde los solteros y de noche los hombres. A ellos se sumaban quienes salían del Teatro e incluso los policías que andaban de ronda, que ataban su caballo sobre Suipacha, tras arribar silbando por la calle empedrada, frente a donde medio siglo después otros hombres construirían la cochera del edificio Guini.
Don Mariano atendía junto a su señora y a Rogelio, hombre que ya había trabajado en hoteles y conocía el tema. Los hijos de Rogelio Bargas y Mercedes Tresols, Mercedes Florencia y Rogelio Oscar, nacidos en ese universo de mesas, ayudaron en la actividad a poco de caminar. También participaba en la tarea Mercedes Tresols de Bargas, quien lógicamente después descuidó su oficio de prolija modista.
MERCADERÍA Y ALGO MAS.
El Café, pronto demostró que ofrecía mercadería y algo más.
Los sandwiches de Rogelio Bargas consiguieron un reconocimiento popular. Las estanterías se mostraban repletas de bombones y licores. Los helados eran artesanales, fabricados por ellos mismos a manivela en las pequeñas piezas del fondo. Vinos finos y chopps, también hacían las delicias; ya de quienes concurrían, ya de quienes efectuaban pedidos, puesto que también se trabajaba por encargo, para grandes reuniones. No fue sólo una la vez que la noche descubrió a Don Rogelio preparando dos mil sandwiches.
A ello se agregaba la presencia de billares y mesas para el truco, el mus, dados, ajedrez y otros juegos y un amplio patio en medio del Café, entre la sala de atención al público y la cocina.
“No tengo” solía contestar, parco, Don Rogelio cuando alguien interrumpía la fabricación de sandwiches con algún pedido. Pero más que "descortés", era un enamorado de su oficio.
"Machito", como lo nombraban sus numerosos amigos, hizo de la atención la principal oferta para el cliente. Tan común era la amistad allí, que a nadie sorprendió que en 1943 ganara la lotería compartida con dos habitúes: Vela y Villar.
LOS PARROQUIANOS
Los parroquianos llegaban a toda hora y casi, podía tomarse asistencia. El Café España era el lugar de encuentro para el juego, para mirar a una chica que pasaba, para compartir en familia, para discutir los principales hechos de la política y para disfrutar los deliciosos sandwiches de Rogelio, la belleza simple de un submarino o las exquisitas masas que se compraban a los Pomés...
Sixto Vela, Fernando Landó, los Grané, Manuel Portela, Pedro R. Bachini, Pompeyo Haedo, Francisco Troise, Pablo Rossi, Pablo Tack, David Angelini, Julio C. Burlando, Patín y Pacho Irigoyen, los Méndez Casariego, Ladislao García, Héctor M. Franchini, Reynaldo Villar, Carlos Etchegoyen, Héctor Massaferro, Pablo Bendrich, Clemente Rizzo, Alberto Alazard, Héctor Caballero, los Guastavino, Mateo Dumón Quesada, José María Bértora, Pebete Daneri, Osías Salzman, Carlos Rossi, Enrique y Tomas Betolaza, Alfredo y Abel Garbino, Tito Elgue, Enrique A. Darchez, Roberto Inda, Nicolás Montana, Juan Etchevarne, Agustín Courtet y no pocos redactores de EL ARGENTINO, intendentes, comerciantes, empresarios, profesionales, estudiantes, eran algunos de los elegantes habitúes del bar. Y también las damas, en la vereda, consumiendo helados, sandwiches o “masitas”.
Podría decirse que la gente más conocida de Gualeguaychú antes de que el siglo llegara a la mitad, frecuentaba ese espacio selecto de la calle Suipacha. Y ni la lluvia ni los truenos detenían a los fanáticos del ya legendario Café España.
La puerta se abría de mañana: había que dar el desayuno.
Primeramente, el café se hizo con una vieja máquina y después se incorporó la Express.
¿Cuántas horas estaba abierto el Café? No menos de 15.
"Nosotros nacimos allí. Cuando yo gateaba, me ponían en un cajoncito de madera, en un rincón, a metros de las mesas. Cuando muchachos, considerábamos casi maldita esa vida de esclavitud. Había bailes de carnaval, y nosotros teníamos que enmantecar. Había una fiesta, y debíamos preparar los helados... La vida pasaba por un costado para quienes trabajábamos allí, estaba en la calle o en los comentarios que escuchábamos..." recuerda Rogelio Oscar, hijo de "Machito".
De noche, cuando se iban los últimos clientes, Don Mariano Tresols limpiaba con tizas las cucharitas, azucareras y teteras, dejando listo todo para el día siguiente.
CAE LA CORTINA.
La magia duró casi 23 años y encontró el final.
Hablar hoy del Café España es, inevitablemente, referirse a un tiempo ya desaparecido.
No quedan casi lugares donde convivan las familias, el billar, los sandwiches, las milanesas y los niños con hombres acalorados en discusiones políticas.
Fue un pequeño club sin altercados y sin domingos.
Fue una “mezcla” realmente de otra época, llegando a convertirse, inclusive en una escuela de mozos y en el lugar elegido para importantes torneos de billar.
¿Cuál fue el secreto del encanto del bar?
Acaso el hecho de unir un grupo de ofertas claves: allí esperaban la calidad de la mercadería, la cuidada atención y los amigos para pasar momentos de belleza simple.
Quizás la calidez caminaba entre las mesas y era el primer cliente en llegar y el último en irse.
Vale la pena recordar ese fenómeno social, que duraría casi hasta mediados de siglo y apuntar incluso que hoy es impensable un lugar con esas características.
Acaso el ritmo del éxito obligó a dar un paso mezclado de dolor y alivio.
Descendió la cortina por última vez una noche de mayo de 1948. Al año siguiente murió Don Mariano Tresols, quizás sintiendo que ya había cumplido su misión. Don Rogelio se despediría treinta años después de la vida.
Pero, más allá de esos recuerdos precisos, vale rescatar que el Café fue en su tiempo una institución, un punto de encuentro obligado.
Por ejemplo, nació allí, en las primeras charlas informales, lo que es el Club Neptunia.
Fue el lugar que por más de veinte años no tuvo domingos.
Allí, por caso, llegó una mañana Don Marcelo T. de Alvear acompañado por Carlos Etchegoyen. que dirigía el diario “La Verdad”. También Niní Marshall con Juan Carlos Thorry, como así otros famosos artistas.
Fue el lugar para la diversión, el paladar y la amistad.
Con sus mesas rectangulares y sus trabajadas sillas, fue una espacio para combinar la broma y el respeto.
Fue una fiesta cada día.
Quedó todo eso y mucho más. Permanecen la sonrisa de Don Mariano y su peinado perfecto, parece volver Doña Mercedes con un fuentón atestado de milanesas mientras algunos hombres juegan al billar cuidando que no les roben el taco.
Y parece ocupado todavía Don Rogelio, de camisa blanca y moño, preparando los sándwiches mientras algunos chiquilines juegan en el amplio patio y dos policías llegan a caballo conversando por la calle empedrada.
(En la tarde del lunes 20 de diciembre)
_ Don, le aviso ya que desde el 24 hasta fin de enero no voy a andar por acá. Con mi abuela nos vamos a Paso del Rey. Allá tengo primos a bocha, qué los tiró, hasta moto y botas tienen.
En Paso sí que la pasas bárbaro, ¿no?
_ ¡¡Paneche!! Se ríen tupido de mis chistes entrerrianos, dicen, no sé, pero las cosas que dice la Abuela, sin ir más lejo, los destornilla de la risa, qué lo parió.
_ ¿Y qué otras cosas vas hacer en Paso...?
_ Y, voy a pasar por mi escuelita. Ah, si algo quiero, don, es llevarle flores a la señorita Anita, en el cementerio.
_ Eso, ¿qué representó para vos esa maestra, inolvidable, por lo que veo?
_ Ah!.. .una madre con kilos de ternura; yo siempre que podía la abrazaba en los recreos cuando un poquito de aire nomás le producía tanta tos, usté viera, don. En clase, cuando preguntaba algo difícil bastantón, enseguida me miraba y me llamaba: "a ver vos, entrerrianito ojitos verdes..."
_ ¡Feliz Navidad y Año Nuevo por si no te veo, Domingo Mingo!
_ Bueno, (con una sonrisa y una guiñada de machito vergonzoso) bagualmente... ¡Chau!...
Primer Domingo del año, tan especial tal vez por venir cargado de ilusiones, esperanzas, nuevas perspectivas, tan emotivo también por esa profunda paz, si somos capaces de hacerla nuestra, porque seguro que nos la fue deseada por tanta gente en estos días, y nosotros…
Discúlpeme; me quede pensando; no terminé la frase. Pero sabe, lo antedicho da mucho para hablar o pensar y no dejar que se escapen dos palabras que suenan bien pero que se van diluyendo como una pequeña partícula de agua que se desploma sobre el piso: Empieza siendo gota. Al chocar contra el mosaico se desmenuza, se achata y se funde, absorbida con una ansiedad que llama la atención pero, al poco tiempo, se evapora escapando nuevamente para retomar un vuelo invisible ya, sin ese mensaje que habla de arroyos, ríos y mares.
Año Nuevo, paz y prosperidad. Cómo nos atrapa la segunda palabra y se nos escabulle la primera. No dejemos que pase esto. Vivamos las dos y luchemos cada día por la prosperidad ansiada pero en el lógico ambiente de paz, única forma, en definitiva, de conseguir todo lo que buscamos.
Existen en la pintura miles de ejemplos para analizar.
Pintores hubo y habrá con distinta concepción de valores y principios. Mostrarán en sus pinturas: angustias, fuertes peleas interiores, sentimientos encontrados, odios o envidias y como decía, todo esto se reflejará en sus pinturas. Pero aquél que consiga la paz, esa misma paz que deseamos a nuestros hermanos; ese pintor estará en condiciones de pintar cualquier cosa y tendrá la certeza de que su mensaje será recibido desde el amor y no me cabe ninguna duda que todo visto de esta manera, se embarca en los proyectos más alocados, llegando siempre a buen término porque sabe, a ciencia cierta, que lo que hizo no está terminado. Ya va a volver a recrearse por esas alegrías, para poder vivir otra vez tantos momentos de paz que sin ninguna duda redundarán en una prosperidad intelectual que abonará su crecimiento como persona.
Aprovechemos este año que se inicia, miremos nuestro interior y tratemos de regalarlo a nuestros semejantes. Todos podemos encontrar una forma de expresarnos .Dejémonos conocer; libre, realmente entreguemos nuestro corazón, quizás sea un punto de partida para entendernos mejor, empezaremos a comprendernos y podremos dejar de enfrentarnos a todos para estar “con” alguien.

Los diseños Directorio y Consulado –1795 - 1804 -
Después de la Revolución Francesa, el saqueo sistemático de los tesoros aristocráticos continuó sin interrupción hasta el regreso del general Bonaparte de sus campañas a Italia y Egipto. Por entonces, grandes cantidades de hermosos muebles y objetos de arte habían desaparecido para no recuperarse jamás.
El colapso de la monarquía puso súbito fin a todos los esfuerzos creadores. La fabricación de muebles quedó temporalmente paralizada; pero como a los franceses les era imposible vivir sin expresarse a sí mismos en alguna forma de arte, su fuerza creadora volvió a dejarse sentir gradualmente al restablecerse el orden. Y otros diseños hicieron su aparición con las nuevas ideas republicanas que barrieron tanto los suburbios como los salones de París.
El período Directorio junto con el Consulado constituyen un puente entre los estilos Luis XVI e Imperio. Los muebles de este período fueron simples y clásicos, de acuerdo con la inspiración grecorromana.
Los mueblistas se encontraron con serias dificultades debido a las restricciones de la importación. No pudiendo procurarse caoba, palo rosa o cualquier otra madera valiosa, tuvieron que adaptarse a los materiales nacionales, el nogal, el roble y varias maderas de árboles frutales. Las piezas Directorio muestran una total ausencia de marquetería y muy poco tallado a mano.
En 1977 JORGE LUIS BORGES le obsequió a "La Nación” su bellísima obra poética, "Metáforas de Las mil y una Noches". Publicamos hoy la primera de esas cuatro metáforas, para leerlas muy pausadamente.
La primera metáfora es el río.
Las grandes aguas. El cristal viviente
Que guarda esas queridas maravillas
Que fueron del Islam y que son tuyas
Y mías hoy. El todopoderoso
Talismán que también es un esclavo;
El genio confinado en la vasija
De cobre por el sello salomónico;
El juramento de aquel rey que entrega
Su reina de una noche a la justicia
De la espada, la Luna, que está sola;
Las manos que se lavan con ceniza;
Los viajes de Simbad, ese Odiseo
Urgido por la sed de su aventura,
No castigado por un Dios; la lámpara;
Los símbolos que anuncian a Rodrigo
La conquista de España por los árabes;
El simio que revela que es un hombre,
Jugando al ajedrez; el rey leproso;
Las altas caravanas; la montaña
De piedra imán que hace estallar la nave;
El jeque y la gacela; un orbe fluido
De formas que varían como nubes,
Sujetas al arbitrio del Destino
O del Azar, que son la misma cosa;
El mendigo que puede ser un ángel
Y la caverna que se llama Sésamo.
- La segunda metáfora será nuestro habitante en próxima edición.
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